Bellinzona es la capital del Ticino que casi todo el mundo se salta de camino a Lugano, y es un error: sus tres castillos medievales, conectados por murallas que cruzan todo el valle, son Patrimonio de la Humanidad y de los conjuntos defensivos mejor conservados de Europa.

En resumen: los tres castillos (Castelgrande, Montebello y Sasso Corbaro) se recorren en un día tranquilo, con el casco antiguo de por medio. La entrada a los tres cuesta 28 CHF con el Fortezza Pass (gratis con el Swiss Travel Pass). Bellinzona es también una parada natural del Gotthard Panorama Express camino de Lugano.

Ficha rápida

  • Patrimonio de la Humanidad: los tres castillos, declarados por la UNESCO en el año 2000
  • Castillo más antiguo: Castelgrande, sobre una fortificación romana del siglo XII
  • Castillo más reciente: Sasso Corbaro, construido en 1479
  • Entrada: Fortezza Pass 28 CHF (los tres castillos); por separado, 15 CHF Castelgrande, 10 CHF Montebello, 15 CHF Sasso Corbaro
  • ¿Incluido en el Swiss Travel Pass? Sí, entrada gratuita a los tres castillos
  • Capital del Ticino: desde 1803

Los tres castillos

Castelgrande, el más antiguo

Sobre una meseta al oeste del casco antiguo, Castelgrande ocupa el lugar de una fortificación romana que los obispos de Como ampliaron a partir del siglo XII. Sus dos torres, la Torre Bianca y la Torre Nera, están unidas por murallas almenadas que forman patios interiores, y en el ala sur un museo repasa la historia de la ciudad con paneles pintados del siglo XV rescatados de una villa local. Se llega a pie desde el casco antiguo o en el ascensor público de la Piazzetta della Valle, útil si vas cargado con equipaje o te cuesta la cuesta.

Montebello, el más completo

Con una torre del homenaje del siglo XIII y un palacio residencial del XV rodeado de murallas, Montebello es el más complejo de los tres. Las murallas almenadas que lo conectan con Castelgrande, cruzando todo el valle, formaban un sistema defensivo que cerraba el paso por completo. Desde aquí, en un día despejado, las vistas llegan hasta el lago Maggiore.

Castillo de Montebello en Bellinzona, con murallas almenadas y vistas al valle del Ticino

Sasso Corbaro, el más joven

Construido en 1479, justo después de que los confederados suizos derrotaran a los milaneses en la batalla de Giornico, Sasso Corbaro se levantó para reforzar la defensa del valle ante la amenaza renovada. Es una torre residencial cuadrangular sobre un promontorio al este de la ciudad, con vistas igual de amplias que las de Montebello.

El casco antiguo, a la sombra de los castillos

Con plazas de aire italiano, edificios renacentistas y calles empedradas en tonos rojizos, el centro de Bellinzona se siente más lombardo que suizo. Los sábados por la mañana, el mercado llena las calles de quesos, pan y productos locales. Cada año, además, la ciudad celebra el Carnevale Rabadan («carnaval del ruido»), con más de 150 años de historia.

El puente tibetano de Carasc

Un funicular sube desde las afueras de Bellinzona, entre bosques de castaños, hasta Monte Carasso. Desde ahí, una ruta circular lleva hasta el puente tibetano de Carasc, una pasarela de madera suspendida sobre el valle de Sementina con vistas sobre las copas de los árboles y la propia ciudad. Es una buena forma de completar la visita si te queda media tarde libre.

Preguntas frecuentes

¿Cuáles son los tres castillos de Bellinzona?

Castelgrande (el más antiguo, del siglo XII), Montebello (el más completo, con torre del siglo XIII y palacio del XV) y Sasso Corbaro (el más reciente, de 1479).

¿Por qué los castillos de Bellinzona son Patrimonio de la Humanidad?

Porque forman uno de los conjuntos defensivos medievales mejor conservados de Europa, con murallas almenadas que cruzaban todo el valle del Ticino para cerrar el paso.

¿Cuánto cuesta la entrada a los castillos de Bellinzona?

El Fortezza Pass para los tres castillos cuesta 28 CHF; por separado, 15 CHF Castelgrande, 10 CHF Montebello y 15 CHF Sasso Corbaro. Es gratis con el Swiss Travel Pass.

¿Cuánto tiempo hace falta para ver Bellinzona?

Un día tranquilo alcanza para los tres castillos y el casco antiguo, con tiempo de sobra para el puente tibetano de Carasc si queda alguna hora libre.

En resumen

Bellinzona no tiene el lago de Lugano ni el ambiente mediterráneo de sus vecinos ticineses, pero gana por historia real: tres castillos que en su día formaron una sola defensa, hoy convertidos en el mejor motivo para bajarte del tren un rato antes de seguir hacia el sur.