Appenzell es la región donde Suiza se ríe un poco de sí misma: aquí las votaciones locales todavía se hacen a mano alzada en la plaza del pueblo, las fachadas de las casas están pintadas de colores vivos, y hasta 1990 las mujeres no podían votar en asuntos cantonales. Y sin embargo, en el año 2000 fue el primer cantón suizo en hacer del inglés la segunda lengua obligatoria en las escuelas, antes que el francés. Es una región de contrastes que vale la pena descubrir.

En resumen: Appenzell es la única región de Suiza dividida en dos semicantones, con un pueblo compacto de fachadas pintadas como centro. Con un día completo puedes ver el pueblo, hacer una caminata fácil y visitar una quesería; con dos, añades el macizo del Alpstein o la cercana St. Gallen, con su biblioteca barroca Patrimonio de la Humanidad.

Ficha rápida

  • Estructura: dos semicantones, Appenzell Innerrhoden (católico, rural) y Appenzell Ausserrhoden (protestante, más industrializado)
  • Población de Appenzell pueblo: unos 6.000 habitantes
  • Pico más alto: el Säntis, a 2.502 m
  • ¿Incluido en el Swiss Travel Pass? Los trenes regionales de Appenzeller Bahnen y varios museos, sí
Fachadas pintadas de colores en la Hauptgasse de Appenzell

El pueblo más pintoresco de Suiza

El centro de Appenzell es una zona peatonal de fachadas pintadas con motivos florales y escenas rurales, muy distinta a la piedra o madera que domina el resto del país. Aquí se concentra la vida social del pueblo: cafés con terraza, escaparates de bordado tradicional y, si te fijas bien, alguna fachada firmada y fechada por el artesano que la pintó hace generaciones. La gran plaza, Landsgemeindeplatz, se llena el último domingo de abril con la votación pública a mano alzada sobre asuntos locales, una tradición ininterrumpida desde 1378; el resto del año es, sencillamente, un aparcamiento, lo que da una idea de lo poco que le importa a Appenzell explotar su propio folclore fuera de esa única fecha.

Caminar descalzo por el valle

El Barfussweg, o «sendero descalzo», conecta los pueblos de Jakobsbad y Gontenbad en una hora y media de caminata sin zapatos: primero coges el tren hasta Jakobsbad, guardas el calzado en la mochila y sigues el camino señalizado a lo largo del valle, alternando prados, arroyos de montaña y algún tramo de asfalto templado por el sol. La idea nace de la hidroterapia de Sebastian Kneipp, un párroco bávaro del siglo XIX que popularizó el contraste de temperaturas del agua como tratamiento médico; dos fuentes construidas expresamente para el sendero te dejan enfriar los pies a mitad de camino. Suena a excentricidad hasta que lo pruebas: la mezcla de texturas bajo los pies (hierba fría, piedras calientes, barro fresco) es una de esas cosas que cuesta explicar y que casi todo el mundo termina recomendando a la vuelta.

El queso con secreto

El queso Appenzeller se elabora en decenas de queserías de la región, y su sabor tan característico viene de una salmuera de hierbas con receta secreta que se frota sobre cada pieza mientras madura. En la Appenzeller Schaukäserei, en el cercano pueblo de Stein, puedes ver el proceso completo y probar quesos de distintas edades de curación.

Otros planes en la región

  • Säntis: el pico más alto del Alpstein, accesible en teleférico desde Schwägalp, con vistas hasta seis países en un día despejado.
  • Museos de tradiciones populares: hay tres en la región (Appenzell, Stein y Urnäsch), cada uno con su propio carácter; el de Urnäsch, en una casa antigua, es el más íntimo.
  • Un hueco en el mapa musical suizo: el acordeón, tan presente en el folclore del resto del país, apenas se usa aquí; las bandas locales tocan con violín y dulcémele, y ofrecen conciertos gratuitos varios días de la semana en verano, normalmente en salones de hoteles del pueblo.
  • El desfile de las vacas: a finales de agosto o principios de septiembre, si tienes suerte, verás bajar a los rebaños de los pastos de verano con las vacas engalanadas con flores y los pastores en traje tradicional, en una procesión espontánea que emociona tanto a locales como a visitantes.
  • St. Gallen, a media hora en tren: la capital de la región, con su abadía y biblioteca barroca Patrimonio de la Humanidad, la más antigua de Suiza.
El Säntis, el pico más alto del macizo del Alpstein, cerca de Appenzell

Preguntas frecuentes

¿Qué hace especial a la región de Appenzell?

Sus fachadas de casas pintadas con motivos rurales, la votación pública a mano alzada en la plaza del pueblo, y el queso Appenzeller, elaborado con una salmuera de hierbas de receta secreta.

¿Qué es el Barfussweg de Appenzell?

Un sendero de hora y media entre Jakobsbad y Gontenbad que se recorre descalzo, inspirado en la hidroterapia del siglo XIX de Sebastian Kneipp.

¿Cuándo votaron por primera vez las mujeres en Appenzell?

En 1990, cuando el Tribunal Federal suizo obligó al semicantón de Appenzell Innerrhoden a conceder el voto local a las mujeres, siendo la última región del país en hacerlo.

El Berggasthaus Äscher: el restaurante en la roca

La imagen de la portada del National Geographic de 2015 («Places of a Lifetime») que se viralizó en todo el mundo muestra un edificio de madera blanca apoyado contra la pared de roca de un acantilado, sobre un prado que desciende verticalmente sobre el valle. Ese edificio es el Berggasthaus Äscher-Wildkirchli, construido en 1860 sobre las cuevas del Wildkirchli —donde se encontraron huesos de osos cavernarios de hace 30.000 años y vestigios de ocupación neanderthal.

Se llega desde Wasserauen (15 min en tren desde Appenzell) tomando el telecabina hasta Ebenalp y caminando 25 minutos cuesta abajo por las cuevas. El restaurante sirve comida tradicional de la región —rösti, salchichas, queso Appenzeller— de mayo a noviembre. La terraza sobre el vacío no tiene barandillas en los lados. El café desde allí probablemente sea el más fotogénico de Europa.

El queso más antiguo de Suiza: documentado desde 1282

El queso Appenzeller tiene la primera mención documental más antigua de Suiza: un documento de 1282 en el que los habitantes de la región lo entregaban como diezmo a los monjes de la abadía de St. Gallen. La marca registrada «Appenzeller®» que protege el nombre hoy es mucho más reciente, de 1998. La receta incluye una salmuera de hierbas cuya composición exacta es un secreto guardado por dos personas en todo el mundo. La affinación dura de 3 a 8 meses según la variedad; el Extra (etiqueta negra) tiene un aroma que no se olvida fácilmente. En la Appenzeller Schaukäserei de Stein puedes ver el proceso completo y probar todas las variantes.

En resumen

Appenzell no tiene la fuerza visual de los Alpes centrales, pero compensa con algo distinto: una tradición viva, contradictoria y sincera, de las que no se pueden fingir para las cámaras. Si tu ruta te deja un día suelto entre Zúrich y el este del país, es una parada que se queda en la memoria más de lo esperado.